A las 3 am cuando el insomnio me vence y por más que intente evitarlo mi cabeza persiste en seguir cuestionándome cosas que no tienen solución alguna o que yo no me puedo dar el lujo de resolver, una de esas noches a las tres de la madrugada cuando el desvelo llegó a su punto más alto me pregunté qué se sentirá que una persona te ame día a día. Y ahora por más que lo intente no puedo sacarme esta pregunta de la cabeza, permanece día y noche sin intensión de irse, me ahoga la incertidumbre, me consume.
Necesito resolver esta duda que surgió hace unas noches atrás cuando me encontraba en vela, necesito detalles, saber cómo es esa sensación, que te quieran, pero que te quieran de verdad, que te quieran con alma y vida, que te quieran más que su orgullo, más que su gato, más que su canción favorita; quiero saber qué es que te quieran de tal forma que ni el universo pueda entender cómo se puede llegar a ansiar tanto a alguien.
Realmente no lo sé.
Sí puedo afirmar que he querido de tal forma, mas nunca pude otorgarme la dicha, o desdicha, de experimentar que me quieran de esa manera desmedida (e incluso un poco absurda) desafiando las leyes de la naturaleza.
Antes solía pensar como casi toda la multitud, creía que el amor era la cura de todo, y no digo que no sea cierto, pero una parte de mi comenzó a poner en duda esta afirmación el día que me rendí, porque sí, me rendí ¿Si nadie me quiso hasta ahora, algún día alguien lo hará? y luego de esta pregunta me replanteé esa declaración ya que eso que llamamos amor me provocó un efecto diferente, totalmente lo opuesto y no sé si fue pura casualidad, una conspiración o una mentira que se desenmascaró ante mí.
He tenido tanto amor dentro de mi ser, guardé y brindé tanto cariño salido de lo más profundo de mis entrañas que ese mismo terminó arrasándolo todo. Ese amor del que tanto se habla, del que tanto se alardea en las películas románticas con sus finales felices, ese mismo amor terminó destruyéndolo todo a un paso tan lento que podías sentirlo como una tortura, y duele tanto, duele de tal manera que llega a quemarte, y ahí fue donde afirmé que preferiría una apuñalada. Pero pensándolo bien, ese dolor que me provocó fue una, sino no se explica.
Sí, porque el amor es eso, es como una apuñalada, si bien depende del filo de éste lo que hace que sufras mucho o poco, lo que provoca más sufrimiento no es la herida producida sino el afecto que le tenías a la cuchilla que te dañó.
Y me dolió mucho porque la cuchilla eras vos.
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