martes, 25 de agosto de 2015

Piezas de rompecabezas.


Dentro del rompecabezas siempre están esas dos piezas que encajan perfectamente, que están hechas para estar unidas; y eso eramos tú y yo, dos piezas de rompecabezas, que luego de una larga búsqueda, de probar y desechar y así sucesivamente, nos encontramos. No eramos iguales, al contrario. Tú eras el calor y yo el frío. Tú el sonido y yo el silencio. Pero cuando nos complementábamos eramos algo más allá de todo lo conocido, eramos uno solo. 

Nosotros, juntos, eramos invencibles, eramos armonía. Tus sonidos y mis silencios al mezclarnos formaban música. Eramos tan diferentes, como la luz y la oscuridad, como la luna y el sol; pero dicen que los opuestos se atraen, y tu eras imán. 

Y como los opuestos se atraen y se repelen en una misma fracción de segundos, en apenas una mirada o una sensación, chocamos, porque tú eras el calor, el sol y el infierno y yo el frío, el azul y el mar.


Nos entrelazamos y recorrimos cada milímetro de materia, cada sensación nueva.

La tormenta caía sin cesar y nosotros disfrutábamos de aquella tragedia porque era fruto de nuestra unión y diferencia. Era un buen placer, una buena sensación, mas todo en la vida acaba, la tormenta cesó y la luz volvió, pero ese fulgor ya no era el mismo, no tenia música. 

Años me llevo entender el por qué semejante melancolía recorría mi ser, pero un día, cuando paso mucho tiempo ya, logré entender ese por qué al dilema que tenia planteado durante mucho tiempo. Resulto ser, que una tormenta se aproximaba y era gracias a que dos piezas opuestas, justo como aquella vez que nos encontramos, se unieron entre si formándose en uno. Y desde aquel día comprendí porque yo no podía oír música, me faltaba la otra pieza opuesta, la pieza que generaba sonido en mi interior haciendo estremecer a todas mis entrañas. 


Me faltabas tú.

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