Y me doles, me doles internamente mucho más que las heridas que yacen en la superficie de mi piel. Me doles como si fueses la primera cicatriz que logro experimentar.
Y sí, me estoy quemando por dentro debido al infierno en el que me siento incapaz de escapar y por más sollozos, mares y tormentas, este ardor, estas quemaduras y cicatrices permanecen ahí sin voluntad de desaparecer en algún momento.
Tiempo, que aterrador es hablar de oscuridad sin siquiera mencionar dicha palabra.
Mis huesos truenan, mis músculos se tensionan y mi voz se entrecorta sintiéndome incapaz de recuperarme de este estado tan nauseabundo en el que me encuentro.
Mi cuerpo (erróneamente dicho ya que no tengo posesión ni control sobre este) tiene marcas de tu ausencia las cuales permanecerán allí recordándome cuánto me doles y me dolerás.
Y a la mitad del día, a las 12 m cuando el sol esté en su punto más alto, me dolerán las heridas producidas en la superficie de mis células.
Mas puedo aseverar muchas más lesiones dentro y muy lejos (no tan lejos) de mis células, puedo afirmar el doble de ardor y quemaduras.
Y me doles y el padecimiento nunca acabará porqué te quiero involuntariamente. Ya no tengo posesión de lo erróneamente dicho como MI cuerpo, ya que desde que comencé a quererte (no recuerdo cuándo fue el momento exacto) perdí todo poder sobre mí y también perdí la cabeza.
Y sí, a la noche, cuando la hora indica el fin de un día y el comienzo de otro, te pienso y me arrepiento de (sin querer queriendo) haberme enamorado de vos.
Me doles y sé que nunca voy a sanar.
Involuntariamente o por un reflejo o por lo que sea, siempre voy a estar echándole sal a mis heridas puesto que siempre este pedazo de órgano que habita en mi pecho va a estar queriéndote como si fuera el primer día.
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