martes, 2 de octubre de 2018

De cáncer y despedidas

— Observas el alrededor a la espera de algún fulgor, de alguna esperanza entrelazada entre mis brazos llenos de años, llenos de espejos y miedos, mas no hay nada, solamente yace un alma hecha cenizas. El mínimo anhelo se disipó haciéndose añicos junto al terror a volar que previamente tenías pero ya lograste estirpar. Por fin, la libertad está presente en su máxima expresión, no había otro camino, la muerte ya llegó, algún día pasaría, volarías. 
— Me esperó mucho tiempo y se cansó, no encontró otra manera debido a que no quería volar y la enfermedad fue la posibilidad. La muerte, exhausta de amarme a escondidas se apareció un día frío de octubre y planeó mi ida. 
— Sé que ya no queda nada más que hablar pero sería mentira si no te dijera que te voy a extrañar, existirás en mis memorias, mis abrazos y en mis míseros poemas. En mis noches, días y en cada suspiro entrecortado e inconsciente, en cada aire inhalado por mis pulmones, aire lleno de vos, de tus recuerdos, de tus fulgores, leves risas y temores. 
Pero no te preocupes, ve tranquilo, yo aquí abajo esperaré ansioso a volverte a ver y que no solo seas un triste suspiro. 
— No te preocupes, yo desde aquí arriba te cuidaré.

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